La ilusión de seis ilusos...

De izq. a dcha: David Sánchez, Saúl Bautista, Chema Sánchez, Javier Serrano y Fran Montero

 

Seis jóvenes salmantinos unidos por la misma afición, el TORO BRAVO. 

Hace más de una década estos seis ilusos recorrían kilómetros y más kilómetros para estar presentes en todos los festejos donde el toro fuera el protagonista. 

Asistían por separado, solo eran entre ellos caras conocidas, pero como bien sabéis, el roce hace el cariño y con el tiempo acabaron siendo una familia. 

Los seis tenían en común otra cosa, su TALENTO. Era evidente, allí donde pisaban, allí dejaban su huella, pero no llegaba la hora de que alguien les diese la oportunidad de subir un poquito más arriba, sentían que no avanzaban por lo que teniendo claro que tenían la base perfecta, dieron el paso de ir a la montaña ya que Mahoma no iba a ellos. 

Aquello no hizo más que empezar, tenían el nombre, TALENTO, pero faltaba un apellido y ¿cuál mejor que el de su tierra para abrirse camino? Y así nació lo que ahora es TALENTO CASTELLANO. 

No tenían medios, pero tenían ilusión y ganas, muchísimas ganas de aprender y de ayudar a los que estaban igual que ellos. No estuvieron solos, contaban con el respaldo de sus familias, pero el miedo y los nervios recorría sus cuerpos cuando empezaban a organizar sus primeros eventos, nervios que ahora, después de diez años siguen apareciendo aunque la seguridad en sí mismos, en su trabajo y en el de su equipo prevalece. 

Empezaron vistiendo trajes goyescos creados en sus casas, cosidos a mano con telas muy baratas, en una mano el micrófono y en la otra el capote, a la hora de quebrar sentados usaban el taburete del baño, saltaban con el palo de las cortinas, si, así como lo leen, reutilizaban todo aquello que podían porque sus recursos no eran los mejores, pero eso no impedía nada, eso solo les propiciaba más ganas de salir al ruedo, de seguir adelante porque cada vez tenían más ilusión y eso nadie se lo iba a quitar. 

Poco a poco, la afición taurina fue conociendo a TALENTO CASTELLANO por la emoción que provocaban en las plazas que pisaban, había quien hablaba bien, también quien hablaba mal, pero por eso e indudablemente por sus sacrificios, hoy están donde están y son lo que son, una FAMILIA. 

Una familia que ha sido capaz de crear una empresa donde la humildad, el respeto y la afición han sido claves para crecer como la hierba en primavera. Pasó de ser su sueño a ser la realidad. En la actualidad, mantienen la ilusión, para seguir en el camino durante mucho tiempo.